Las cosas no son sencillas de contar. Eso está claro, y menos cuando se trata de una masa putrefacta que emerge con descontrolada asiduidad de su ciénaga para devorar de un bocado monstruoso todo aquello que se encuentre en su azaroso y violento camino. Pero como todas las historias, hay muchas capas, capas de realidad y otras de mentira. Me adentro en el Neogronomicón, el libro de la imagen de la ley de los muertos, cubierto en piel, escrito con sangre y grapado con dientes*, para hablaros del juez, jurado y verdugo del pantano.
O también podría hablaros de las capas de una cebolla.